Besarlo es como magia

  • Roger Phillips
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Besarlo es como magia. Como estar hechizado una y otra vez. Cuando sus dedos bailan sobre la suave piel debajo de mi camisa, no quiero nada más que acercarlo más, haciéndome desearlo, haciéndome desearlo de todas las formas imaginables. Poniéndome en trance cuando el espacio entre nuestros cuerpos ya no existe.

Besarlo es como ser arrastrado a otra dimensión. Como si me llevaran a otra capa del universo. Siento una repentina oleada en mis huesos, una dicha insondable. De repente, no quiero estar en ningún otro lugar que no sea aquí, bajo su toque..

Besarlo es como emborracharse, todo se vuelve un borrón sólido. Nunca me he apartado de la sobriedad desde entonces. Siempre parece como si me lo estuviera bebiendo todo: el almizcle de su colonia, el sabor de sus labios. Me besa con tantas ganas. Como si no quisiera irse. Y acuna mi cara en la palma de sus manos y me atrae por otra, una y otra vez.

Besarlo es como volar, elevándome alto en el espacio, paso de la nube nueve. Me besa y es como si de repente me hubieran crecido alas. Ya no quiero bajar de mi altura. Solo quiero permanecer por encima de las nubes y desafiar la gravedad con él. Solo quiero besarlo hasta que me olvide como se siente la tierra bajo mis pies.

Besarlo es como saborear el verano. Como miel dulce de verano que cubre el interior de mi boca. Besarlo me recuerda a mi joven corazón en conmoción, golpeando fuertemente en mis oídos en el momento exacto en que él hace un gesto para inclinarse para presionar nuestros labios. Besarlo hace que todas esas malditas mariposas salgan de la boca de mi estómago. Solo quiero quedarme envuelto alrededor de sus brazos para siempre.

Besarlo es adictivo. Es tóxico, como el veneno que se filtra por mis venas voluntariamente. Su toque, abrasador, haciendo mellas en mi piel. Y me arrastra cada vez más cerca hasta que el oxígeno se convierte en una novedad. Es mortal pero sé que me arriesgaría de todos modos.

Besarlo es como retroceder en el tiempo. Presiona sus labios sobre los míos y tengo dieciséis años de nuevo. Me besa con un deleite tan infantil, los dientes chocan con los dientes de todas las risitas en el medio. Las sábanas se enredan entre nuestras extremidades, nuestros dedos atrapados en suaves trenzas. Por un momento, volvemos a ser niños, curiosos y apurados. Manos húmedas pasando por la piel suave, tratando de tocar tanta carne como si hubiera una bomba de tiempo haciendo tictac..

Pero a veces me besa y es lento. Es sutil. No se parecen en nada a los besos que me da cuando estoy pegada a la pared, cuando corre y se apresura. Con este, no hay prisa. Me besa como si tuviera tiempo en la palma de sus manos. Me besa como si estuviera tratando de escribir historias en mi propia carne. Pero no como si estuviera esperando, no como si estuviera esperando algo más que el consuelo en el roce de nuestros labios..

Esta vez, me besa tan lánguidamente que me quedo a gusto con una sonrisa en los labios. Es sin prisas, completamente despreocupado por el mundo exterior. El planeta se queda en silencio por un rato. Y de alguna manera, se siente como si mis labios siempre hubieran estado destinados a tocar los suyos, encajando como piezas de un rompecabezas perdidas hace mucho tiempo. Cuando me besa todo lo demás desaparece.

Besarlo era nada menos que celestial. Me besa y me hace darme cuenta que el universo siempre ha estado formado por él..

Y lo amo, lo amo, lo amo.




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